Buscame

Y cuando el aire busque mi oido adormecido,

y lo reciba preñado de tu voz

y en sus fibras florales y nocturnas se teja el entramado de tus versos

y tus hijos se expandan por el aire de un abril que exhala su agonía,

cuando llegue esa hora:BUSCAMÉ.

Yo estaré en cualquier sitio de tu espacio-puedes estar segura-

en el puesto de helados ambulante,

a la vuelta, en la esquina de tu casa

en el sabor de tus floridos platos,

en la quietud de tu preciosa casa,

dentro del coche que a caminar te ayuda.

Yo estaré-quizás puedas oirme-Es la noche del parto que esperabas,

yo seré la partera de tus coplas

insensata, versatil y madraza,

ungiendo tu mirar,respetuosa,

palpitaré bajo la tienta de tu casa,

electrocardiograma inalterable

del latido nocturno de tu voz.

BUSCAMÉ:

Con un poco de suerte

mi sombra va a encontrar un lugarcito

en la segunda fila de tus versos

intranquilos sin estrenar, inéditos.

Y podre descansar en la frescura,

de tu particular peregrinaje,

madrina eventual reflexionando

por la quietud que a veces me acompaña.

Te lo dije:

siempre estarás presente- aunque no estés-

allá donde tus versos toman cuerpo

y se encarnan como pueriles dioses humanos:Desnudos de si mismos,

allí siempre estaré

para poder arropar otro poema,

y arrebujar con celo tus afanes

y descolgar el telar lleno de polvo

con el lienzo tejido de mi AMOR.

 

JUSTA CAÑIBANO PALMERO

Veraneo de mentira

Ya no hay veraneos como los de antes que comenzaban a finales de junio y acababan en septiembre. Luego, su banda se estrechó limitándose a dos meses escasos, más tarde, a uno y, hoy, ni se sabe.

El verano aparece troceado a lo largo de los doce meses. Cuando quieres desconectar, ya has de volver a la rutina. El estío se muda a unos días en primavera que viajas a un paraíso que, en esa época, es mucho más barato.

Los días en invierno son cortos pero sirven para deslizarte unas horas por cumbres inmaculadas.

Un fin de semana loco en el que precisas un día más para perderte y olvidar.
También se necesita algún día para saborear la ciudad, hacer un papeleo imprescindible y, finalmente, unos días al sol de un verano que ha quedado tan mermado que apenas le respiras.

Dicen que son las hipotecas las que asfixian aquellos largos veranos, pero es que los ritmos han cambiado, las necesidades de abarcar un todo para llegar a una nada son tan exageradamente reales que el cuerpo casi llega exhausto al fin proyectado.

Yo soy de esas personas que trituran el tiempo de ocio para que dé más de sí y echo de menos esos pingues estíos en que terminaba desconectando de tal manera que, cuando volvía, mis ojos descubrían la rutina con placer. Todo me resultaba novedoso e inquietante; hoy el primer pensamiento que se me cruza es decirme “Si parece que fue ayer”
No me ha dado tiempo a apagar el interruptor que oxidaba mis neuronas, cuando ya estoy de vuelta. Una tibia nostalgia del ayer, un dolor al sentir como arranco las raíces que apenas hace diez días las sumergí en agua para volver a echar hojas y posteriormente florecer.

… No me dio tiempo a respirar el salitre, a bañarme en el rumor de una ola pues debía volver al asfalto, a la gran ciudad que ya tampoco descansa; ya nadie la abandona más de una semana seguida.

Decimos que volvemos satisfechos, ¿qué vamos a decir? Al menos somos dadivosos con nuestras mentes y tratamos de susurrarlas que han tomado un pequeño aperitivo, el suficiente para continuar, pero en el fondo es mentira; sólo nos quedará el poder de la imaginación para soñar en aquellos días que fueron infinitos.

Carta abierta a mi querida Juana

Seguro que tu hija María, es inteligente, adorable, tierna, y que sé yo cuantas cosas más, casi perfecta, pero te sucede que con ella estás casi siempre al borde del agotamiento, con el corazón en un puño por las que arma cuando tú no estás delante. Su cuarto se parece peligrosamente a uno de esos bazares, en donde se puede encontrar de todo y en un desorden casi perfecto.

Y que me dices de tu hijo David, es responsable, noble, sensible, pero también terco y respondón, especialmente a la hora de las comidas, un experto campeón en inventar las más variopintas excusas para no terminar nunca.

Es decir, dos hijos completamente normales, pero provocadores y que casi seguro, un poco culpables de tus cefaleas materno – filiales. Situaciones de discusión y desobediencia suceden en todas las casas. Los hijos necesitan desafiar a sus mayores, bordear los límites disciplinarios y en definitiva, oponerse a cualquier normativa.

Sin embargo, y aunque lo sabemos, no resulta fácil aguantar en esos momentos los nervios.

¿Qué puedes hacer para no tener que pasarte media vida peleando con tus hijos? Existen algunas pautas que nos ayudan a manejar con acierto estas situaciones, lo que hemos de hacer en un momento de agotamiento y cefaleas paterno-filiales.

  • Cuida el estilo general de las relaciones sin esperar a los momentos críticos. Quizás quienes te rodean puedan convertirse en invitados, a los que desde luego no gritarías, ni tampoco lanzarías un comentario con intención de hacerles daño.
  • Premia, estimula, alaba, instaura un estilo en casa que tenga más que ver con el estímulo que con la amenaza, y el mejor estímulo que existe es la palabra y el gesto amable.
  • Valora también los esfuerzos y las mejoras, no esperes que su conducta sea perfecta, diles que valoras sobre todo, el esfuerzo.
  • Una buena recomendación para el comienzo de curso que está a la vuelta de la esquina. Más importante que la mochila, las zapatillas o el uniforme, es preparar al niño con firmeza, cariño y compresión. Los estudios son su oficio, y nunca un buen profesional, dejó las cosas a medias.

Querida Juana: tus hijos tienen un pedazo de madre, no te preocupes, no cambies, no pierdas los nervios, lo demás lo irás viendo con paciencia, poco a poco.

Veinte lunas de algodón y leche

Cae la voz en el vacío mientras una puerta entorna tu presencia…

Has partido a tus hazañas de madurez con la sonrisa prendida en esos ojos de mirar verdosos y esperanzados.

Me has dicho adiós con el cargamento de poesía que eres capaz de proyectar en tu mirada sin pronunciar ni una sola palabra.

Las manos han caído sobre mi cuerpo amanecido y mi corazón ha rebosado de ti.

Carne de mi carne, sangre de tu sangre, te he sentido tan libre que una minúscula lágrima traicionera se ha escapado del rebaño.

Mi niño chico, mi niño grande, que mis pechos amamantaron su sed de vida, te veo marchar en pos de tu senda.

Con la mochila al hombro, recto como una vara, alto como árbol frondoso y bien plantado, cruzas océanos que nos distancian veinte lunas de algodón y leche.

Antes, te has vuelto para fundirte en el calor del claustro materno; retomar raíz como buen cazador.

¡Adiós, Madre!… Hasta luego, mi vida.

Cae la voz en el vacío mientras una puerta entorna tu presencia…

Bienvenido a la vida

En este año que nos has nacido,

Quisiera…

Acorralar el mundo con todas mis palabras

Siendo muralla mi voz para tus labios,

Para las leves cicatrices,

Para el dolor que te podrá asaltar

Cuando tu tibia piel apenas aletee.

Quisiera…

Ampararte en tu cuna,

En tu sol amarillo del verano,

En el diminuto arco de tus labios

Y en la redonda curva de tus pequeñas manos.

Quisiera…

Cubrirte todo

Para guardarte dentro de tu alma

Y no dejarte al aire

Tiritando, desnudo, tan pequeño…

Acunarte despacio, Niño Blanco.

Aquí nos tienes, Álvaro,

Para quererte siempre,

Para sentir el tintineo de tus días,

Para crecer, agradecer y amar contigo

La extraordinaria sensación de bienvenida.

Acunarte despacio, Niño Mío,

Y envolverte

Con el cariño sincero de mis humildes versos.

Dedicado a Álvaro Ballester

Nacido el 29 de septiembre de 2009

La unidad por la cultura

“Hay espíritus para los cuales ciertas imágenes conservan un halo de privilegio que no caduca”. De Carmen Cazurro a Godofredo Garabito

Hoy, pretendo rendir un merecido homenaje, desde mi RECREO, a dos figuras insignes de las letras vallisoletanas que despiertan en mí, de igual manera, admiración y orgullo por la amistad que nos une, y sobre todo, porque los dos son el claro exponente de lo que supone la unión de culturas igualitarias.

Al aire de su aire vuela desde sus Montes Torozos, trazando en el espacio una autopista, que le conduce hasta una parte de su Valladolid del alma que transcurre en Puerto Rico; allá donde Colón marcó el camino de ida, y donde Carmen Cazurro, entre letras, lenguaje y poesía, trata de establecer un puente eterno que recorre sin detenerse a repostar. “La nieta del alcalde, como le gusta decir a Godofredo, ha sabido conjugar como nadie, el dolor de una España cruel, difícil y vertical, en los albores de la tragedia sobrevenida en la persona de su abuelo, con otra España límpida, próspera y culta, colmada de sonetos “De amor en azul”, que Godofredo escribiera un día, para ser cuidadosamente recogidos en la revista literaria “Brisas”, que ella fundara en 1996, y que actualmente dirige desde su cátedra de Puerto Rico.

Como corolario afectivo de lo antedicho, dejadme recordad aquí, a la insigne figura de Antonio García Quintana, alcalde de Valladolid, padre de Teresa y abuelo de Carmen, porque ALLÁ donde se encuentre, se escucha una sinfonía perfecta, entre su legado y la actualidad más añorada por él: LA UNIDAD POR LA CULTURA.

 

Justa Cañibano Palmero.

Comentario leído por su autora en “Onda Cero Radio Valladolid”,

Suspenso en respeto

La norma hace el hábito. Cierto como un templo. De hecho hoy normalizamos todo. Necesitamos que una ley nos obligue a respetar los pulmones ajenos, nos impida aparcar en la entrada de un hospital, que nos obligue a regular nuestros ruidos…

Poco a poco vamos eliminando el espacio propio del sentido común. O hay norma o libre albedrío.

Tal vez en las escuelas debería ser evaluable una asignatura que se llamase así: “Área del respeto”, con el mismo peso o más que la materia de matemáticas, la de lengua… ¿Si no hay asignatura no debe aprenderse? Eso es lo que debe de pensar alguno de nuestros adolescentes.

La profesión de educadores es inexacta. Surgen conflictos docente-discente biunívocos. Resolverlos eficazmente, implica colaboración, buenas intenciones y sobre todo respeto. Mucho respeto mutuo.

Un profesor vocacional, como es nuestro caso, se implica a veces más de la cuenta en el proceso enseñanza del pupilo o pupila en cuestión, y ahora hablo de un caso concreto. Hace propias las dificultades del alumno o alumna, se pone en su piel para ver qué está fallando, por qué no se asimilan determinados conceptos…

Y se cae en el error de creer que nuestro adolescente imprime en su labor de aprendizaje, tanto como nosotros en nuestra labor de enseñanza.

Y en el momento más insospechado, el pupilo o pupila, espeta un gesto despectivo, destapa su verdadero rostro y se hace evidente que el único guerrero en el campo de batalla es el maestro. Hace tiempo que se quedó solo luchando por la formación del futuro adulto, que jamás entendió el concepto del respeto hacia el trabajo ajeno.

Al Cristo dormido

¡¡Calla!! Mi Cristo yacente no sabe que va muerto

y un golpe de corneta lo despierta.

Camina lento, sudoroso, rasgando el aire y abriendo en su mirada una estela de luz y de esperanza.

Aquí no se detiene el cristo para escuchar la saeta, aquí sólo el cielo clama en el silencio;

Pies descalzos, cirios encendidos, tu cruz y la mía van juntas calle abajo.

Su madre, la vera cruz, lo acompaña en platerías, marchan los dos entre cascadas de  murmullos, y mis ojos se pasman de tanta belleza.

El ritmo de los tambores conectan con los latidos de mi corazón y siento una paz infinita.

Ancha, rancia y sobria es mi Castilla

serena y dolorida camina erguida y enlutada, sintiendo en Santa Cruz el momento esplendoroso del encuentro y mi cristo yacente vuelve a su urna de plata a conectar sus sueños con los míos, y a dormitar hasta la madrugada.

Torero

        Cuando veo nacer la luz cada mañana, quisiera montar en una gaviota e ir junto a ti, pero ya no estás y de nada sirve que vuele a ninguna parte. Es, entonces, cuando quiero irme también yo, y, así, estar en el más absoluto olvido junto a ti… para siempre.

Mi querencia no es posible, así que visto mi traje de luces, pinto el rostro con una enorme sonrisa, dibujo valentía en el corazón y, poniéndome la montera, bajo al ruedo mundano a lidiar la vida que, a cada esquina, me clava un pitón.

Resisto los envites con mi capote amarillo y rosa; si el miedo me ciñe, corro al burladero en busca de refugio. Ella no se va, espera paciente a que yo vuelva a salir; con pasos cortos la encaro, entre chicuelinas y verónicas estampo el coraje que no tengo porque un día partió contigo para nunca regresar.

Sol y sombra, pasodobles, aplausos y pañuelos blancos arropan mi faena y, si el público premia mi arte, miro al cielo brindándote este trabajo que, entre sudor y sangre, conseguí con tu recuerdo.

Dedicado a mi hermano Santiago.

Siempre tú

Siempre tú…

         Han pasado tantas primaveras desde entonces, que vagamente recuerdo en qué episodio te instalaste en mi vida para no irte jamás; a estas alturas, pienso que ni el abismo de la muerte puede concluir nuestra amistad.

Esta certeza me hace caminar segura de que eres como el amanecer de cada día, nunca fallas. Ahí estás apostada con los ojos verdes transparentes, esperando que la vida sorprenda esa sensibilidad macerada de dulzura y aderezada con la estabilidad que emanan tus poros.

Siempre tú…

Nuestros surcos de hiel y jazmín han enraizado juntos y así, hemos visto germinar las semillas que plantamos hace muchos años entre lágrimas y sonrisas, entre sueños y decepciones.

Hoy, cuando las canas pintan nuestras sienes, unidas las mareas de esta vida, que a veces vivimos a trompicones, nuestras manos de la amistad permanecen entrelazadas.

Siempre tú…

Y es hora de dedicarte mis letras torcidas… Eres un eco en mis tiempos desdoblados, la nobleza hecha en piel de mujer, la fidelidad del alba, cuando a veces creo que no amanecerá la luz en los plieges de quienes te rodeamos, ahí estás… siempre tú……MAGENA … mi amiga, GRACIAS.

Y si la luz del alba no brillase para mí, te aguardaré peinando el aire de tus suspiros y trazándote el camino de ida, para seguir mano con mano hasta la misma puerta del Cielo donde, siempre tú, mereces habitar.

JUSTA  CAÑIBANO