Hoy no me encuentro

Hoy estoy que no estoy.

Rueda por mi cuerpo un hormigueo y me siento mas hormiga que de costumbre.

Hoy desperté con la luz y la sangre escarchadas. Mis ojos no fijan una imagen sino que vagan despistados por el espacio.

Mis pulmones no respiran y el aire emerge entrecortado en un ambiente que molesta por la lentitud de las horas.

Hoy quisiera que pasara en un suspiro y no sentir los minutos, despertar y ser otro dial impido y fraterno.

A veces, pienso que los días son iguales: las mismas rutinas, los mismos paisajes, idénticas caras, mellizos sentimientos… Todo plano para el animal de costumbres que yace en el interior de mis cavernas.

Sin embargo, hoy me falta valentía para salir al campo de batalla.

No deseo muertos en mis pupilas, no aspiro al llanto de mi corazón aunque éste se haya levantado con la lluvia en sus lindes y las cicatrices se pueblen de lágrimas sin consuelo.

Hoy no soy sino espectro de mi propia angustia.

Hoy, siempre hoy, único y real hoy, hoy no hay después, sólo el reloj de arena que marca lento y pertinaz, si al menos tu hoy se salvara, el mío tendría menos cicatrices.

Vuela lo más alto que puedas, el universo es tuyo, y el cielo te espera.

Besos: mama.

La Navidad y los mercaderes del siglo XXI

Hace unos días, me reunía conmigo para preparar mi artículo sobre la navidad 2005, en mi línea, un artículo que describía las emociones y pensamientos evocadores de buenos deseos para todos. Y desde esta magnífica tribuna de onda cero, a todas nuestras gentes de aquí y de allá, les envío, mi más sincera felicitación, agradeciendo a la vez la escucha y la deferencia, hacía este recreo, un año más.

Pero no quisiera dejar pasar este encuentro navideño, sin hacer, también en mi línea de respeto y tolerancia, unas reflexiones críticas, acerca de lo que hoy es la navidad, a la vista de una sociedad, que todos hemos creado en nuestro día a día. Una sociedad, donde se advierten:

• Frío en las relaciones humanas.
• Cálculo matemático, en los pensamientos.
• Y máximo interés en los negocios.

Los mercaderes occidentales de la Europa Moderna reniegan de su pasado cristiano, utilizan la navidad, para vender toneladas de hipocresía, porque digo yo: ¿Para qué se celebra el nacimiento de Jesús realmente? ¿Para mantener un negocio monumental? ¿Para sentarnos entorno a una mesa, repleta de manjares y desamor? ¿Para mostrar a papa Noel, personaje moderno donde les haya, que se ha colado en nuestras casas, y se ha subido a las barbas de nuestros tradicionales y queridos magos de oriente? ¿Por qué les seguimos el juego a los mercaderes del siglo XXI?, que además de enriquecerse con nosotros, nos atiborran de chirimbolos y cachivaches, como para decir a nuestros niños “Mirad muchachos, en el futuro no tendréis que pensar, porque pensar está chungo, lo único que tenéis que hacer es, apretar un botón, enchufar un cable, habilitar un espacio, y… ahí los tenemos, aprendiendo a utilizar los videos-juegos, que incluyen una buena dosis de agresividad, y donde los rifles, los aviones antimisiles, y los tanques destripa enemigos, les sirven para iniciar una guerra continua, que les lleva a competir con su hermano ahora, pero después, para situarse convenientemente y servir al dios del poder y del dinero.

Quien os ha escrito este recreo de hoy, no es una fanática de la religión, ni una extremista política, soy sencillamente, una persona normal, que piensa en lo que podía ser nuestra navidad 2005, sin esos mercaderes del siglo XXI, a los que les hemos quitado de un plumazo, sus consolidados negocios, al abrigo del gran papa estado, cuyos representantes, públicos, deberían velar un poco más por la bondad de sus amados contribuyentes.

El valioso secreto de los hijos

Siendo consciente de que lo obvio es, muchas veces, lo más difícil para ser tratado teóricamente, me propongo en este recreo de hoy, decir algo respecto a nuestros estudiantes. Álvaro D’ ors, en un breve pero intenso libro, titulado “cartas a un joven estudiante”, afirma rotundamente, con ideas arrancadas de la experiencia de una vida dedicada a la enseñanza, que “todos podemos dar un paso y luego otro, y luego otro, y así es como se alcanzan las cumbres, por altas que sean. Hay que perseverar, y no darse por vencido a la primera dificultad”. Sencillas palabras y sencillo consejo. La perseverancia es una virtud que no está de moda. Pero yo pregunto, ¿Hay alguna virtud que lo esté? Este es el valioso secreto, que todo estudiante debe descubrir, si quiere funcionar en el estudio.

Muchas veces, pensamos y actuamos con el ciego convencimiento de que el esfuerzo es algo negativo e incluso, hay una cierta desconsideración social hacia aquellas personas estudiantes, en nuestro caso, que son muy trabajadoras, pero desgraciadamente poco inteligentes. Y en el no tan íntimo rincón de nuestro corazón pensamos “pobrecillos, cuanto se esfuerzan”. Esta mirada de pena viene además avalada desde todos los ángulos, padres, profesores y alumnos, por no hablar primos, tíos, abuelos…etc.

No estaría de más, que nos intentásemos concienciar todos, padres, profesores y alumnos, de que el esfuerzo y la perseverancia, es una virtud positiva, y tan estupenda, que sin ella un estudiante nunca será tal. En todo caso, será un estudiante más que se debata entre el aprobado ramplón y el suspenso “inmerecido”. Después pasa lo que pasa, decaimientos, frustraciones, llantos, el no puedo más, eso me supera, es imposible, soy un desastre…etc.

Una educación en el esfuerzo, y una valoración real de él, quizá sea la asignatura pendiente de los que nos movemos en este mundo del que hacer educativo, que por otra parte, a todos nos afecta directa o indirectamente. Hemos de convencernos de verdad, que el esfuerzo y la perseverancia en el estudio, es el secreto que todo estudiante, deberá encontrar si quiere educarse verdaderamente.

Por último, no debemos olvidar, como decía el más grande poeta alemán, que nuestra juventud prefiere ser estimulada a ser instruida. Ojalá, estimulemos a nuestros jóvenes, alumnos e hijos, en este secreto. Todos, absolutamente todos saldremos ganando.

Aprender a mirar

Hoy deseo más que nunca, acudir a la casa de las palabras, allá donde los poetas se refugian, se sumergen, y establecen una relación entre aquello que sueñan, y lo que expresan. En este binomio me encuentro hoy para hablar de ti Charli, y recorro los viejos y gastados frascos de cristal para encontrar, a pesar de mí, tropezando con la duda, esa serena palabra que me permita escucharte. Porque a pesar de tu quietud, tienes tu corazón y tu mente intactas, y posees además dentro de ti, toda una orquesta, cuyo director eres tú mismo, que suena a gloria celestial.

Dicen de ti, que padeces el síndrome del cautiverio, también están cautivos los que van a nacer, y sin embargo, no sufren ni están prisioneros en la cárcel de su vida.

No tengas miedo Charli, extiende tu mano y acoge el agua llena de luz, de este atardecer que te enciende tus pupilas retadoras. Todo es incierto, y a la vez maravilloso, a veces intentamos bordear los obstáculos que van apareciendo, o intentamos protegernos con corazas, certezas o rutinas, pero de nada nos salva esa estrategia. La vida te ha llevado por caminos inesperados, que son un reto para ti. Vivir requiere el coraje de la incertidumbre, pero tú Charli has aprendido a mirar, como quien se sumerge en la densa profundidad de la quietud que ilumina tus secretos y borra tus angustias.

Recuerda siempre Charli que no estás solo, entorno a ti esta Puri, que es tu alma de mujer enamorada, llena de ternura, que encuentra satisfacción en ti, y que camina por la vida como si nada hubiese pasado, que comparte tu sendero con la calidez de saber que tú discurres pausadamente por él.

Los límites no existen, son cosas de la mente que el alma como tiene alas, vuela y deja tras de sí, esa música que suena en tu interior y que mece a su paso a las buenas gentes que le escuchan.

El optimismo que nos cura

La educación es una tarea intrínsecamente optimista, porque parte de un presupuesto esencial “el ser humano puede aprender, puede mejorar”. Quien niegue esta premisa, debería cambiar de profesión porque destruye la entraña misma de la educación.

Fernando Savater, dice que sin optimismo podemos ser domadores, pero no buenos educadores. Y explica que el optimismo es tan necesario en educación, como el agua para los nadadores.

La educación pierde su efecto, cuando el educador cree que ya no puede más. Y un buen educador puede más, y siempre espera que llegue el momento milagroso del cambio de perspectiva.

Ya sé que es difícil la tarea, ya sé que nadie aprende si no quiere; porque el verbo aprender, igual que el verbo amar, no se puede conjugar en imperativo; ya sé que hay problemas, ya sé que cada día se presentan nuevas dificultades, cada vez hay más demandas sobre la escuela, nos invade la filosofía de la cultura neoliberal; hay alumnos cuasi objetores, padres cuasi inspectores, chicas/os cuasi seductores, legislaciones cuasi en vigor. No es de extrañar que algunos de mis colegas, acudan cada mañana al trabajo, flagelándose de mil modos y maldiciendo su suerte y la tarea cotidiana que realizan. Pensando que los alumnos de hoy, no quieren aprender, los políticos no saben gobernar, los colegas, no quieren esforzarse, las familias no desean participar.

Estimadísimo enseñante:

No es razonable ver sólo los agujeros del queso. Admiro profundamente a las personas, a quienes la experiencia les ha hecho más sensibles, entusiastas y comprometidos. En el mundo de la educación, es necesario ser optimistas, por pura lógica, porque cualquier alumno, en cualquier momento se te entrega tan generosamente, que compensan de los esfuerzos acaecidos hasta entonces. Y ¿Por qué madre que me escuchas cada martes no vas a ser tú la agraciada? Esto no sólo es posible, sino también muy probable.

Sólo te lo tienes que creer tú, hacer que tu hijo también se lo crea, dejando al profesor con su trabajo. Este es el principio optimista que cura y sana las actitudes de los hijos que hasta ahora, no lo tenían demasiado claro.